Saúl Iván enfrenta en el IMSS un sistema de salud sordo e indiferente
“No me dan de alta, tampoco incapacidad y el dolor no me deja caminar”
Por: Cristina Flores Cepeda
Sabinas, Coahuila. — Para Saúl Iván Rosas Uñate, caminar se ha vuelto un reto doloroso y cotidiano. Desde el pasado 18 de junio, cuando comenzó a sentir un fuerte dolor en la pierna izquierda, lo que él describió como un “desgarre”, su vida laboral, familiar y emocional cambió drásticamente. La molestia se fue agravando con el paso de los días, lo que marcó el inicio de una serie de obstáculos para recibir atención médica oportuna en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).
Después de no ver mejoría, fue enviado a hospitalización el 25 de julio. Sin embargo, al no contar con un acompañante en ese momento, se le negó el ingreso y ni siquiera se le permitió subir a un cuarto de hospital. “No me atendían, y por eso le hablé a mi médico familiar. Le dije que ya tenía más de tres horas sentado en urgencias en Nueva Rosita esperando sin que me valoraran”, relató Saúl, visiblemente cansado por lo que ha tenido que enfrentar.
La respuesta del médico fue que regresara a urgencias a Sabinas para que le otorgaran incapacidad por sábado y domingo, con el objetivo de no cortar la secuencia de sus incapacidades médicas. Momentos después, el mismo médico se comunicó con él nuevamente para decirle que ya había hablado con la directora de la clínica, Gabriela Cuéllar, y que la indicación era que se presentara con ella el lunes siguiente, quien supuestamente extendería la incapacidad mientras espera la realización de un estudio clínico. Le dijeron que probablemente se trataba de un problema de ciática.
Pero al acudir puntualmente el lunes al Seguro Social de Sabinas, Saúl recibió una respuesta que lo dejó aún más confundido: “Le mostré mis papeles a la directora y me dijo que yo ya estaba dado de alta y que debía presentarme a trabajar. No me dio incapacidad”. Aunque vio las condiciones en que se encontraba. Al regresar a laborar, ante la persistencia del dolor, se dirigió con el médico de su empresa, quien, al observar su dificultad para caminar, fue claro: “No puedes entrar así a la fábrica. Vuelve a urgencias y que te den más incapacidad hasta que estés al 100 por ciento”.
Así lo hizo. Volvió a urgencias, pero en esta ocasión le negaron la atención con el argumento de que solo quería un justificante para el trabajo. “Me dijeron que en urgencias no daban nada, que esa no era su función”, lamentó. Saúl regresó al día siguiente con la directora, pero nuevamente fue rechazado y canalizado con el médico familiar. La respuesta del médico fue certeza: “La directora no te quiere dar incapacidad”, le dijo el doctor durante la consulta. Él consulta en el consultorio número 6, pero no sabe el nombre del médico que lo atiende. “Ya no me quieren dar incapacidad, y yo no puedo trabajar. No me dan el alta, pero tampoco me atienden”.
El miércoles, una vez más, intentó hablar con la directora. Esta vez ni siquiera fue recibido en su oficina; a través de una ventanilla, Gabriela Cuéllar le reiteró: “Muchacho, ya te dije que no te voy a dar incapacidad”. Saúl, desesperado, le expuso que la empresa no le permite laborar en ese estado y que él mismo no se siente en condiciones físicas. “No creo que no vea cómo estoy, camino 10 o 15 pasos y ya no aguanto el dolor de la ingle, ¿cómo le vamos a hacer?”, le dijo. La directora simplemente respondió: “No sé cómo le vas a hacer tú en el trabajo”.
Saúl teme perder su empleo. “Ya van tres faltas y me van a dar de baja. Si me quedan secuelas en la pierna, ¿quién se va a hacer responsable?”, cuestiona con voz quebrada. “Ella misma me dijo el lunes que en cuatro días me harían el estudio y ahora dice que no tiene fecha. Yo lo que quiero saber es si ella se va a hacer responsable si esto no se cura bien, si quedan secuelas porque no aguanto el dolor, no puedo caminar, no quiero perder el trabajo porque lo necesito”.
A pesar de sus esfuerzos por seguir los procesos institucionales y su intención de cumplir con su trabajo, se encuentra atrapado entre la indiferencia institucional, la burocracia médica y la necesidad urgente de preservar su salud. “Yo no quiero perder mi trabajo, necesito el ingreso, pero no puedo trabajar en estas condiciones”, insiste. Saúl lleva seis meses trabajando en Avomex y ha hablado ya con el sindicato. Ellos le prometieron intervenir y hablar con la directora este miércoles, pero hasta ahora no ha recibido noticias. “Yo entiendo que es su trabajo, pero no pueden tratar así a la gente. El seguro es para que nos atiendan, y uno cotiza para eso. No es fácil pasar por esto”, expresó.
Reconoce que tiene familiares, pero el día en que debía ser hospitalizado, todos estaban trabajando. “No podía decirles que faltaran, no tengo con qué cubrirles el día”, explicó. Hoy, solo percibe lo que le dan por incapacidad, que además está en riesgo de ser suspendida por falta de atención médica formal. “No me dan el alta, no me dan incapacidad, no me hacen el estudio. Me traen de un lado a otro, y mientras, yo sufro las consecuencias”, finalizó con la esperanza de que su caso no quede en el olvido y se haga visible la necesidad de atender con humanidad a quienes padecen, no solo un dolor físico, sino también un sistema de salud que en muchas ocasiones se muestra sordo e indiferente.
