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El placer de la carne

El placer de la carne

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*Economía subterránea

Por: Cristina Flores Cepeda

Región Carbonífera, Coah.-  Solo tiene 30 años pero Perla ya se siente mayor. “no sabe usted la competencia que tenemos; hay muchas muy jóvenes y luego los gay que son cada vez más y yo tengo que llevar de comer a casa para mi hija y mis padres. Papá sufrió una embolia y ya no puede trabajar y mamá es diabética casi no ve. No puedo trabajar en una maquiladora o en otra parte porque entonces tendría que pagar quien se haga cargo de mi hija y mis padres y no puedo”. Es la historia de una prostituta que deambula por las calles en busca de clientes.

Hace algunos ayeres se cerraron las zonas de tolerancia al establecer hasta las 2 de la mañana el horario de venta de alcohol, pero eso no acabó con la prostitución. El oficio más antiguo del mundo maneja una economía subterránea que da de comer a familias y a prestadores de servicios como son los moteles quienes mantienen un horario de atención de 24 horas los 365 días del año.

Esta economía informal es abastecida con la principal materia prima: la necesidad, esa no acaba, ese es el motor que da fuerza a quienes salen a “trabajar” en este oficio que es tan satanizado, pero no crea que solo esa rama son los principales clientes de los moteles de paso, no. Durante el día, de 7 de la mañana a media tarde los que acuden son las parejas de infieles. Esos que salen del hogar con el pretexto de que entrarán más temprano a laborar o que tienen cita con el médico, tal vez la excusa sea que almorzarán con un grupo de amistades, pero terminan en un cuarto de hotel.

Anteriormente la prostitución era regulada por las revisiones médicas que se hacían y quienes practicaban el oficio debían portar un tarjetón que acreditaba que no eran portadores de alguna enfermedad venérea, pero ahora  no es así, nadie los revisa, nadie sabe en qué condiciones “laboran”.

Los precios de los moteles van desde los 350 pesos por cuatro horas, a los 500 pesos por toda una noche y la frecuencia de clientes es a diario. Incluso van matrimonios que no tienen intimidad en su hogar por la presencia de los hijos y buscan un momento a solas.

No sé si la prostitución pueda ser considerada un mal necesario, lo que si sé es que de ese negocio viven varias familias disfuncionales, donde no hay un papá o donde los padres son adultos mayores en condiciones precarias de salud y la hija –o el hijo- no ven otra opción laboral. Lo cierto es que el placer de la carne es un negocio que sigue, a pesar de ser el más antiguo del mundo y la materia prima (la necesidad) parece no agotarse nunca.

Los precios por “servicio” sexual varían desde los 50 pesos por un “rapidito” hasta aquellos que pueden saciar sus instintos con 500 pesos. ¿Se le hace poco? ¿Usted también es de los que creía que las prostitutas se volvían millonarias? Sí hay algunas excepciones, algunas ven la novela de su vida convertirse en realidad y reciben casa, carro, rancho y hasta matrimonio, pero la gran mayoría el 99% “talonea” para sobrevivir.

100 peso Mexican bills,

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