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A todas las mamás

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Escuché a mi mamá muchas veces decir que conforme vas teniendo hijos vas pasando en tu propia lista de prioridades a segundo, tercero, cuarto o quinto lugar dependiendo del numero de hijos, es decir, que primero te ocupas de los hijos y luego de ti. En mi casa somos cuatro hermanas, así que mi mamá siempre tuvo ocupaciones muy distintas con nosotras por la diferencia de edades: niñas, adolescentes, jóvenes, todo al mismo tiempo y había que adaptarse: no se podía dar gusto a cada una.
La agenda de casa era la de mi mamá. Ella marcaba que podía hacer cada una y que no, conforme a sus compromisos. Atender esposo, niñas y estar pendiente de los padres ya mayores no es tarea fácil. También durante algunos años tuvo que atender algunas otras tareas fuera de casa en apoyo a mi papá, y así se las ingeniaba para estar al tanto de absolutamente todo. Bastaba una mirada o una buena regañada para apaciguarnos, con eso era suficiente para que no te quedaran ganas de andar desobedeciendo o ideando cosas no autorizadas.
Cuando empecé a objetar las decisiones que no me favorecían, me presentaba un argumento irrefutable: “Es por tu bien, ahora no lo entiendes, pero ya me comprenderás cuando seas mamá”. Y efectivamente, hoy comprendo sus razones. Ser madre es el regalo más grande que Dios me concedió. Antes de ser mamá imaginaba la dicha que pueden traer consigo los hijos, pero una vez que nacieron me di cuenta de que es mucho más grande de lo que podía imaginar. Pero también cuando pasan por situaciones difíciles son la más grande preocupación y dolor de una madre. Entonces comprendí.
Como mamá no quiere uno que les duela nada absolutamente, ojalá siempre se sintieran bien y fueran muy felices, pero las mamás debemos lograrlo sin dejar de corregir y educar: tarea difícil en estos tiempos. Hoy en día las mamás luchamos contra la corriente para educar a nuestros hijos, señalarles cual es la información adecuada pues la hay de todo tipo, en todas partes y al alcance de todos, inclusive de los mas pequeños. Debemos guiar a los hijos en un mundo de derechos y libertades que es positivo para nuestra sociedad pero que requiere de una total y permanente atención de los padres para que sepan ejercerlos de manera responsable.
Hoy se han abierto más puertas y oportunidades de desarrollo laboral y personal para las mujeres. Muchas de las mamás de hoy también combinamos la vida laboral con la responsabilidad de criar a los hijos en la infancia y niñez y estar pendiente de ellos y continuar su educación en la adolescencia y juventud. A todas, independientemente de qué y cuantas actividades realicemos nos une la lucha diaria por un objetivo principal: hacer de nuestros hijos hombres y mujeres de bien.
Cuando me refiero a las mamás me refiero a todas: a las biológicas, adoptivas, abuelas y tías que crían, cuidan y educan a nietos y sobrinos. A todas las mujeres que desempeñan la más hermosa y grande responsabilidad de la vida, ¡muchas felicidades! porque es en casa donde diariamente formamos a quienes nos tienen como su principal guía y ejemplo de vida. Queridos lectores, reconozcamos a nuestras madres el próximo 10 de mayo y cada día de nuestras vidas.

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