1. Home
  2. COAHUILA
  3. CARBONÍFERA
  4. Una casa que vale más que sus paredes
Una casa que vale más que sus paredes

Una casa que vale más que sus paredes

0

Por: Cristina Flores Cepeda

San Juan de Sabinas, Coahuila.- «En las últimas horas se han dicho muchas cosas sobre una casa que hoy vuelve a estar en mis manos. He leído comentarios, críticas y señalamientos de personas que, desde lo que han visto o escuchado, han formado una opinión sobre una situación cuya historia completa pocos conocen», señaló Norma Flores, a quien se le vio ayer en el desalojo de Don Tino.

En entrevista, la señora Norma fue muy clara: Quiero compartir mi verdad, no para pelear con nadie, sino para que se entienda algo que para mí es fundamental y es que esta casa no representa un interés económico. De hecho, gracias a Dios, tengo mi propia vivienda, una casa más grande, más nueva y donde vivo actualmente. No necesito esta propiedad para tener un techo donde vivir.

Lo que muchos no alcanzan a comprender es que esta casa tiene un valor que no se mide en dinero. Esta casa fue un regalo de mi padre. Él me la entregó en vida, como una muestra de amor, de confianza y del vínculo tan especial que existió entre nosotros. No es un secreto. Personas cercanas a nuestra familia lo saben. Mi padre tomó esa decisión cuando estaba con nosotros y yo simplemente estoy respetando su voluntad.

Por eso duele tanto escuchar que estoy intentando quitarle algo a alguien o que estoy luchando por algo que no me corresponde. No es así. Yo no estoy reclamando una propiedad ajena; estoy recuperando algo que mi padre me dejó y que forma parte de la historia que construimos juntos. También quiero aclarar algo importante. Nunca he negado que Don Tino sea una persona de la tercera edad, y por ello tiene todo mi respeto. Sin embargo, muchas personas han asumido que se encuentra en una situación de extrema necesidad, cuando la realidad es distinta. Don Tino cuenta con propiedades, tiene dónde vivir y su situación económica no es crítica. Si realmente estuviera pasando necesidades, Dios es testigo de que yo misma buscaría la manera de ayudarlo. Le apoyaría en lo que estuviera a mi alcance porque así fui educada y porque creo en la solidaridad humana.

Pero este asunto no se trata de dejar a alguien desamparado. Se trata de una propiedad que tiene dueño y que, además, guarda un significado profundamente personal para mí. A quienes me han juzgado, les agradezco incluso sus comentarios, porque entiendo que han reaccionado a la información que tuvieron frente a ustedes. Lo único que les pido es que investiguen antes de condenar, que escuchen todas las versiones antes de señalar y que recuerden que detrás de cada historia hay personas, sentimientos y circunstancias que muchas veces no aparecen en un video o en una publicación.

Muchos habitantes de la colonia Rovirosa conocieron a mi padre, «el talache», algunos lo trataron incluso más de lo que yo pude hacerlo durante ciertos momentos de mi vida. Ellos saben cuánto me quiso. Saben que recorría las calles hablando con orgullo de su hija. Saben el amor que me tenía y el orgullo que sentía por mí. «Se acuerdan que llegó a tocar las puertas de algunas viviendas para decirles que yo era su hija?».

Por eso estoy convencida de que, si él estuviera aquí, defendería la verdad. No porque yo sea perfecta, sino porque sabría que no estoy haciendo nada indebido. Él sabía quién era yo, conocía mis valores y conocía el cariño con el que siempre traté a las personas que formaron parte de su vida. A Modesta, su esposa, la quise como a una madre, y quienes convivieron con nosotros pueden dar testimonio de ello. La casa que hoy defiendo no es solo una construcción. No son ladrillos, puertas o ventanas. Es el último abrazo de mi padre convertido en patrimonio. Es un recuerdo vivo de su amor.  No es por ambición. No por necesidad económica. No por orgullo, es porque pertenece a una historia de amor entre un padre y una hija. Y hay herencias que valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.

Mi padre ya no está físicamente y mientras Dios me permita seguir adelante, honraré su memoria defendiendo lo que me dejó, con respeto, con dignidad y con la tranquilidad de saber que no estoy peleando por algo que no es mío, sino cuidando aquello que nació del amor más sincero que un padre puede darle a su hija. El juicio está concluido  y los hermanos de Don Tino, que son hermanos de Modesta a quien quise como una madre, José y Julia, saben que es verdad lo que digo, que Don Tino tiene dónde vivir, que su economía no es crítica. Y, les repito, Dios los bendiga a todos porque han hablado porque solo han visto un lado de lo que sucede.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *