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03 de Febrero de 2020

                Por una #SociedadHorizontal

 

Vivimos en una sociedad muy polarizada. Hemos dejado que la mayoría de los rincones de nuestra vida se llenen de confrontación y discusiones que, si no logramos controlar, nos llevarán a una terrible erosión de los valores básicos de convivencia democrática.

La semana pasada hubo varios ejemplos preocupantes, a los que debemos poner mucha atención. Tras culminar la marcha por la paz en el Zócalo, donde colectivos de víctimas solicitaron reunirse con el Presidente de la República para plantearle la modificación de la estrategia de seguridad, grupos de ciudadanos ahí presentes se aglutinaron para increparlos y gritarles “es un honor estar con Obrador”. Al día siguiente, este episodio coincidió con un tuit del subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta, quien publicó: “A gritos de marrano, oídos de chicharronero”.

Este tipo de tensión continuó contra la labor periodística. Por un lado, a través de #PrensaProstituída en las redes sociales se vivieron duros ataques contra periodistas nacionales. Las críticas hechas contra el periodista Ciro Gómez Leyva, derivada de los reportajes realizados en torno a la falta de medicinas en hospitales públicos, mostró las dos caras de la moneda.

Por un lado, una parte de los tuiteros, quienes apoyaron a AMLO por defenderse de la prensa, aduciendo que ésta “tergiversa información” y exigiendo nuevas normas para evitar la propagación de fake news. Por otro lado, la defensa hecha por usuarios digitales que apoyaron a Ciro “por ser un buen periodista y no dejarse llevar para cuidar las apariencias”. De igual manera, comentaron que “López Obrador corrompe la información y sólo expone lo que le conviene”.

El otro capítulo del desencuentro fue la discusión entre Denisse Dresser y el Presidente. La académica increpó al titular del Ejecutivo en torno a la resolución judicial por la que Sergio Aguayo tendrá que pagar 10 mdp, por haber criticado al exgobernador de Coahuila, Humberto Moreira. Sobre este asunto, las redes exhibieron puntos encontrados. Más de la mitad de los participantes criticaron a la periodista y señalaron que en otras administraciones “no fue crítica porque recibía chayote”. También aplaudieron que AMLO la haya “callado” en la conferencia con respuestas respetuosas. Quienes defendieron a Dresser señalaron que las críticas al gobierno por parte de la periodista siempre han existido y consideran que en torno a la libertad de expresión, “ya era hora de que alguien le hiciera frente al Presidente”.

En este contexto, hay que poner atención a los datos duros. A un año del arranque del gobierno de López Obrador, se ha registrado la muerte de 13 periodistas, lo que equivale a la cifra del 2016, año en que se tiene el registro del mayor número de comunicadores asesinados. De hecho, el pasado 30 de octubre, el Índice Global de la Impunidad del CPJ (Comité para la Protección de Periodistas, por sus siglas en inglés), nombró a México uno de los peores países para ejercer el periodismo, sobre todo por los niveles de impunidad tanto en casos de amenaza como de asesinatos. El ejercicio del periodismo en nuestro país se ha vuelto cada vez más peligroso. Las cifras han empeorado conforme los sexenios han transcurrido; durante el mandato de Vicente Fox hubo 25 periodistas asesinados; con Felipe Calderón, 52, y 59 en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Por esta razón, aun cuando la participación de nuevos y múltiples actores a través de las redes sociales evidencia una ampliación de la propia libertad de expresión, es necesario entender que el riesgo de ejercer el periodismo se incrementa cuando en estos espacios se activan ataques orquestados contra los comunicadores. Esto ocurre de manera preocupante cuando, desde el poder, se ejercen señalamientos y críticas —a veces sin respaldo o infundadas— a comunicadores que, en el ejercicio de su profesión, se vuelven incómodos para el poder.

Debemos evitar que la polarización que vivimos sea una excusa para ataques violentos que ponen en riesgo una profesión —el periodismo— que es fundamental para la vida y la evolución democrática de nuestro país. No hay que confundirnos; valores superiores como el respeto, la libertad y la vida deben estar por encima de la tensión que prevalece. El Presidente de la República puede ayudar mucho a evitar que continuemos por esta ruta. Es indispensable que lo haga.

 

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