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Ilusoria tregua

Ilusoria tregua

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Por Federico Berrueto

El Mundial de futbol plantea la tesis de que el país se domicilió en una tregua, una pausa a los problemas, presiones y conflictos; un bálsamo para las autoridades ante una sociedad distraída por el divertimento futbolístico. Las preocupaciones cambian de rumbo y, con un buen inicio de la selección nacional, el optimismo y la alegría de muchos crean el espejismo de la anhelada felicidad colectiva. Hasta los críticos de siempre se sienten obligados a moderar su juicio para dar curso y sumarse al júbilo colectivo que despierta y motiva el futbol. Los boicoteadores de la CNTE fueron derrotados no tanto por las autoridades, sino por la determinación de la afición de no permitir que se malograra la esperada fiesta. México 2, provocación 0.

Las dificultades persisten a pesar del Mundial. Si Trump no asistió al evento de inauguración fue por desdén, no por miedo al rechazo del público; mucho menos habría de posponer su inquina contra el mundo y sus enemigos imaginarios y no imaginarios, privilegiadamente los narcotraficantes, ahora vueltos terroristas. La guerra que ha declarado al narcoterrorismo, como toda confrontación, no admite tregua, salvo la que a él mismo convenga. De él y de los suyos todo hay que esperar; lo peor, si los duros toman la iniciativa y desplazan al Departamento de Estado, ocupado en la estrategia legal relacionada con la extradición. La civilidad puede ser desplazada si los arrebatos de Trump así lo resuelven, y eso puede ocurrir en cualquier momento.

Su postura respecto al acuerdo comercial con México y Canadá es una baladronada que a nadie engaña. Predecible su provocación, una manera de intimidar a sus interlocutores, sin el menor impacto. Los beneficiarios del acuerdo comercial son los tres países y, desde el plano empresarial, son más las firmas de origen norteamericano. Tampoco sus amenazas de un ataque por tierra pueden tomarse literalmente, aunque no deben desdeñarse porque es abrumadora la presencia de agentes, tanto la acordada como la encubierta. Precisamente esto indica que la opción legal de demandar la extradición de presuntos narcopolíticos mexicanos y una eventual declaratoria de Morena como organización terrorista internacional por sus vínculos con el Cártel de Sinaloa deben estar presentes como posibilidades, remotas, pero probables.

El régimen político ha hecho valer, en el discurso presidencial y en la misiva del líder fundacional, su determinación de no proceder a la detención y eventual extradición de cualquier político imputado por su connivencia con el crimen organizado. No hay marcha atrás y parece están resueltos a afrontar las consecuencias. EU tiene los instrumentos, recursos y argumentos legales para imponerse y, de ser el caso, desentenderse de la vía diplomática de la extradición y proceder a acciones unilaterales más agresivas en el marco legal que le confiere la lucha contra el terrorismo. Morena sería objetivo y no habría institución bancaria mexicana que se desentendiera de una declaratoria de la FinCEN para congelar sus cuentas y suspender operaciones financieras.

La postura del régimen de expone al país a una crisis de mayores proporciones al optar por la vía política y la retórica en lugar de asumir la causa legal con los recursos que esta provee. La dificultad mayor es que este curso de acción necesariamente implica acabar con el pacto de impunidad, decisión, al parecer, insostenible para el régimen político.

Es evidente que los mercados y las élites no tienen presente la idea de una crisis mayor. Suscriben, hasta el momento, condiciones de normalidad como si no se viviera en un campo minado por el desafío de las autoridades al imperio de la ley. Debe decirse que, internamente, la postura del gobierno tampoco da resultado. No es creíble la prédica soberanista frente a la ostensible impunidad hacia los suyos.

Lo peor de todo es que no hay político sacrificable porque, como bien ha dicho el gobernador de Sinaloa, si cae uno, caen todos. En medio del júbilo por el Mundial de futbol, el régimen transita sin vacilación hacia una posible propia debacle, porque la impunidad es su condición de existencia y, a su vez, su mayor fragilidad dentro y fuera.

Más allá de la fiesta deportiva y del entusiasmo que acompaña el buen inicio de la selección nacional, la realidad se impone y, aunque de distinto modo y actitud, persiste la cotidianidad y se hace sentir en lo bueno, malo y lo muy malo. Los problemas o las dificultades individuales o colectivas no desaparecen, se alivian ni se disuelven. Se vive una ilusoria tregua y, quizás, en algún momento, un despertar ante una abrupta y trágica realidad.

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