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El país a la deriva económica

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Lo que debió ser el Plan Nacional de Desarrollo resultó ser un folletín de campaña elector

El gobierno federal fijó como medida para su éxito tres temas: la economía, la seguridad y el combate a la corrupción, los cuales son ahora el talón de Aquiles de la llamada Cuarta Transformación. A siete meses de iniciada la administración, los resultados no son halagüeños, por el contrario, en materia económica no hay brújula, la violencia se ha disparado y se privilegia la opacidad y la discrecionalidad que fomenta la corrupción; por lo que dedicaré esta reflexión al primer asunto.

 

La aprobación del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 por parte de la mayoría parlamentaria de Morena y sus aliados, con el voto en contra del PRI, PAN, PRD y MC, ocurrida el jueves pasado en la Cámara de Diputados, representa un hito en el ejercicio autoritario del poder por parte del presente gobierno y consagra su visión facciosa de la vida social y el quehacer productivo.

 

A los legisladores morenistas, petistas, “ecologistas” y demás apéndices no les importaron los llamados de atención que las oposiciones, las organizaciones de la sociedad civil, los especialistas y académicos (nosotros lo hicimos aquí el 23 de abril) plantearon sobre las deficiencias metodológicas, las omisiones respecto a los requisitos establecidos en la Ley de Planeación y los graves vacíos en cuanto a temas estratégicos. Lo que debió ser el Plan Nacional de Desarrollo resultó ser un folletín de campaña electoral que anula la posibilidad de un crecimiento con equidad.

 

El hecho conlleva graves significados, ya que se suma a la cadena de acciones de franco desprecio a la ley, a las instituciones y a los órganos constitucionales autónomos.

 

En el ámbito económico, el gobierno pretende crear una economía cerrada, un mundo encapsulado en el tiempo y el espacio en el que imperen sus reglas y criterios, donde sus juicios se apliquen sin derecho de apelación.

 

Tal es el caso en el que la CFE emplazó a un arbitraje internacional a las compañías mexicana IEnova y la canadiense TC Energía, por considerar “leoninas” las cláusulas del contrato de servicios del Gasoducto Marino Sur que corresponden a las prácticas internacionales. Como sostuvo el embajador de Canadá, Pierre Alarie: “El Presidente de México manda señales de no querer respetar contratos”; en lo cual coincidió Edmundo Rodarte, de Coparmex.

 

Lo mismo le pasó al Consejo Coordinador Empresarial, que firmó con el Presidente un Acuerdo para Fomentar la Inversión impulsando proyectos estratégicos con un alto potencial de desarrollo. Se estableció que en el sector energético “se deben cumplir los contratos de inversión suscritos entre empresas y el sector público para incrementar la producción de petróleo, gas y energía eléctrica”. Por la tarde, el gobierno federal suspendió la ronda de licitaciones que buscaba socios que ayuden a Pemex a alcanzar su meta de producción de energéticos.

 

No sorprende, pues, que las estimaciones de crecimiento económico en 2019 continúen a la baja, como el reciente pronóstico del Barclays Bank, que redujo la tasa de 1.2 a 0.5%. Por eso y por la reducción en el empleo formal, la población comienza a percibir una afectación en su vida cotidiana que también se refleja en las encuestas.

 

Así va la llamada Cuarta Transformación, sin plan ni brújula en la economía, pero celebrando y festejando donde no hay nada que presumir y con una carta de navegación imprecisa, excluyente, antidemocrática y de escasa visión como el Plan Nacional de Desarrollo aprobado.

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