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Aquí en confianza

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Iván Garza García

 

9M; paralizar para movilizar

 

En las tierras del Tío Sam, el movimiento #MeToo registró un monumental triunfo. El otrora todopoderoso magnate de la industria del cine y mandamás de Hollywood, Harvey Weinstein, fue declarado culpable de cometer acto sexual criminal en primer grado y violación en tercer grado. Así, conforme lo resuelto por un jurado de Nueva York, el productor cinematográfico podría recibir una condena de hasta 29 años de prisión. Lo anterior, sin contar que el también  fundador de la productora independiente Miramax y ganador de premios Tony a lo mejor del teatro, aún tiene pendiente un juicio en Los Ángeles por dos presuntas agresiones sexuales consumadas en el año 2013. Recordemos que a finales de 2017, la actriz Annabella Sciorra acusó a Weinstein de haberla violado en 1990; ante la denuncia, el rotativo estadounidense The New York Times publicó un escalofriante reportaje sobre el acoso que el referido personaje practicó, por más de 30 años, en contra de actrices, modelos y personal de la industria del séptimo arte. La también actriz Alyssa Milano sugirió – via Twitter – que las mujeres que en el pasado hubieran sido acosadas o agredidas sexualmente, se sumaran a la causa a través del hashtag #MeToo. La respuesta no se hizo esperar; más de 14 millones de twitts fueron compartidos, convirtiendo el tema en una corriente feminista a gran escala.

 

Lo anterior viene a cuento por la lucha que las agrupaciones de mujeres en México han emprendido para lograr la visibilización de una problemática que – hasta hace poco – parecía pasar desapercibida en muchas de las instituciones y oficinas públicas de éste país. La semana pasada, en este mismo espacio, me permití reseñar brevemente tres casos de feminicidio que cimbraron al respetable; sin embargo, existen muchos más (demasiados) que duelen y laceran profundamente a la sociedad. Cerrar los ojos frente a la terrible realidad que vivimos y hacer oídos sordos ante el clamor de justicia, nunca será una solución para el complejo problema al que nos enfrentamos.

 

Se veía venir; la desesperación se convirtió en exigencia y, ésta vez, el grito de cientos de miles de mujeres no fue ahogado. “Las Brujas del Mar”, colectivo feminista nacido en Veracruz (entidad en la que, por cierto, se registró la mayor cantidad de feminicidios el año anterior), convocó a un paro nacional de mujeres para el próximo 9 de marzo. “Ni una mujer en las calles, ni una mujer en los trabajos, ni una niña en las escuelas, ni una joven en las universidades, ni una mujer comprando”, reza la invitación de marras.

 

La propuesta #UnDíaSinNosotras pretende crear conciencia sobre el feminicidio y la violencia de género; se trata de un acto que demanda valor y respeto por la vida de las mujeres. Diversos organismos de las sociedad civil; la iniciativa privada; diferentes universidades e instituciones de educación; poderes públicos estatales; organismos autónomos y medios de comunicación, se han sumado ya a este llamado.

 

Como era de esperarse, la iniciativa ha dado mucho de que hablar. Por un lado, no han faltado las voces que califican al movimiento 9M desde la trinchera del oportunismo político y lo consideran una afrenta en contra del actual régimen; nada más erróneo. Si bien, hay quienes pretenden “llevar agua a su molino”, la legitima lucha de las mujeres mexicanas no se pelea (ni debe pelearse) en la arena política. Otros más (mujeres muchas de ellas) consideran que la protesta debe realizarse en diferentes términos, al grado de plantear que  – en todo caso –  ellas salgan a ocupar los espacios que en derecho les corresponden y que sean los hombres quienes suspendan sus labores durante un día. Incluso, hay quienes afirman que una marcha y un paro nacional de mujeres es poco creativo y que con tales acciones no será alcanzado el propósito deseado.

 

Aquí en confianza, lo que los colectivos feministas (y no feministas) proponen es hacer notar la importancia de las mujeres en la vida cotidiana y, con ello, exhibir a plenitud el monstruo de la violencia, el mismo que se alimenta de la indiferencia de las personas. No debemos confundirnos; no se trata de un día de asueto ni las mujeres requieren permisos o concesiones especiales para salir a las calles a hacer valer sus derechos. Y mientras algunos aún debaten si el paro nacional tiene o no tintes políticos; si es viable llevarlo a cabo, o si se requiere mayor creatividad en la propuesta, las mexicanas – las que son madres, hijas, hermanas, esposas, novias o amigas – siguen siendo acosadas, violentadas o asesinadas. Podemos aplaudir la iniciativa del 9M o, por el contrario, criticarla ácidamente; pero no debemos perder de vista que a las mujeres de esta parte del mundo no les tiembla la mano para movilizar a un país entero mediante su paralización. Los resultados son de pronóstico reservado; por lo pronto, ellas decidieron demostrar su presencia a través de la ausencia.

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