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Ni maiz, Trump

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Cada día amanecemos con una nueva hostilidad de su parte, a través de un tuit o en alguna conferencia, en donde señala una crítica al Tratado de Libre Comercio y reafirma sus acciones en contra de nuestros connacionales en la Unión Americana. La última novedad de la semana pasada fue el anuncio de la contratación de 15 mil nuevos agentes migratorios que irán a la caza de nuestros paisanos y paisanas. Los constantes ataques desde la Casa Blanca no hacen más que seguir sumergiendo nuestra relación en todos los frentes: comercial, migratorio y de seguridad.
Ante esa actitud, hoy más que nunca, como mexicanos tenemos la obligación de decir: ¡Basta! Basta de agacharnos, aguantarnos, dejarnos amedrentar y permitir que el Sr.Trump, una y otra vez, culpe a México de los grandes males que aquejan a su nación.
Por eso, la semana pasada en el Senado de la República, presenté junto con mis compañeros legisladores de Operación Monarca, una iniciativa de ley para eliminar nuestra dependencia de importaciones de maíz de Estados Unidos y poner por delante el interés nacional, reinvirtiendo en el campo mexicano.
Esta iniciativa busca dejar en claro el peso que tenemos en la relación con EU y que meterse con México tiene costos importantes. En lo que se refiere específicamente al comercio de maíz, nuestro país ha colocado todos los huevos en la misma canasta al orientar el 100% de las importaciones de este grano desde Estados Unidos. Tan sólo en el 2015, fuimos el país que más maíz le compró al vecino del norte en todo el mundo.
Los principales estados exportadores de maíz de aquel lado de la frontera, conocidos como el corn belt o cinturón maicero, son: Iowa (18%), Illinois (15%), Nebraska (12%), Minnesota (11%) y Kansas (4 por ciento).
Por eso, la iniciativa que planteamos busca garantizar el abastecimiento de maíz como parte de la seguridad alimentaria y nacional, primero mediante la diversificación de nuestras fuentes de importación de este grano y en un segundo momento, a través de la recuperación de nuestro campo, que ha sido olvidado por años.
Uno de los elementos centrales de la iniciativa es que el Programa de Compras Consolidadas de Maíz del Exterior disminuirá las compras de este producto a Estados Unidos en un 60% el primer año, en 80% el segundo año, y en 100% en el tercer año de la publicación de la ley.
Para lograrlo, estaríamos buscando abastecernos de los excedentes de distintos países, entre ellos Canadá, con quien buscamos mantener una relación comercial vigorosa e importante, así como con Brasil y Argentina. Estos tres países tienen inventarios que nos permitirían comprar, alrededor de siete mil 649 toneladas de maíz, es decir casi el 60% de lo que le compramos actualmente a Estados Unidos —12 mil 748 toneladas.
De esta manera, no sólo diversificamos nuestro mercado y dejamos de comerciar con un socio hostil, sino que afianzamos lazos con nuestros países hermanos de América Latina. Además, estaríamos generando ahorros importantes, ya que la tonelada de maíz estadunidense cuesta 268 dólares, mientras que, por ejemplo, la de Brasil vale 259 dólares.
Y, en el mediano plazo, buscamos reactivar la industrialización de nuestro agro, que ha sido postergado por décadas. El objetivo es implementar las mejores técnicas, logística, tecnología, organización e infraestructura carretera y portuaria para que nuestros campesinos tengan un sector agrícola competitivo a nivel internacional, y que en un horizonte de veinte años logremos triplicar su productividad, pasando de tres a nueve toneladas por hectárea.
El maíz no sólo es uno de los principales bienes de consumo alimentario de nuestra población, representa uno de los símbolos más poderosos de orgullo e identidad nacional.
Si hoy volvemos a invertir en nuestra agricultura y apostamos a que el empleo y los salarios se generen en esta parte del hemisferio, podremos convertir esta crisis en una de las mayores oportunidades de desarrollo que tengamos como país. Ha llegado el momento de crecer ante la adversidad y de entender que “sin maíz, no hay país”.