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Complicidad dolosa

Complicidad dolosa

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Georgina Cano

 

Cuando leí en diversos medios de comunicación una nota  titulada “Padrastro mata a golpes a niño de 3 años” me quedé helada.  De inicio pensé que se trataba de alguna madre que como muchas deciden unir su vida a otra persona, tienen que salir a trabajar y por la relación afectiva y de confianza que existe con su pareja dejan a sus hijos bajo su cuidado.  Bajo este supuesto se han presentado numerosos casos de acoso, violaciones, y abusos tomando hacia niños y niñas por sus padrastros que toman ventaja de la situación de poder que sobre ellos ejercen, de los largos periodos de tiempo que conviven con los niños en ausencia de la pareja y con la posibilidad de atemorizarlos para que no cuenten lo que les está pasando.  Así muchas madres salen a trabajar confiadas en que sus hijos están bien cuidados, que estarán mejor en casa en lugar de estar en la guardería o en la estancia infantil sin imaginar el calvario que viven durante su ausencia.

Pero este era un caso distinto.  La madre no había salido a trabajar.  Han difundido los medios de comunicación que la madre estuvo presente mientras su pareja golpeó a su hijastro hasta matarlo, ahí frente a ella, a un niño de tres años, indefenso ante las personas en quienes más debiera confiar a su tan corta edad.

Presenté al congreso del estado una iniciativa de reforma al código penal para que en los casos de violencia familiar ejercida sobre un menor se sancione de conformidad con las reglas de complicidad dolosa al progenitor que estando en posibilidad de hacerlo omita brindar auxilio tendiente a evitar la violencia ejercida sobre el menor.  La complicidad dolosa se castiga con la mitad de las penas y medidas de seguridad correspondientes al delito cometido.  Con lo anterior, no se sancionaría solamente al padrastro presuntamente homicida, sino también a la madre que pudo impedirlo y no hizo nada para ello.

Reformar la ley no devolverá la vida al pequeño, tampoco reparará el daño que han sufrido los niños que en el mismo supuesto al que me referí al inicio de esta columna,  han sido víctimas de delitos tan atroces como la violación pero no podemos ser omisos ante lo que aún en nuestros días sucede en nuestra sociedad.  Debemos de hacer lo mucho o poco que esté a nuestro alcance para proteger a niños y niñas.  Hoy en este espacio me permito recomendar a quienes son padres de familia, mamá o papá cuiden mucho con quién están sus hijos, obsérvenlos, dialoguen con ellos, actúen ante cualquier cambio sospechoso en su estado físico o anímico: es mejor prevenir. Las guarderías y estancias infantiles son una muy buena opción para las madres trabajadoras.  Los hijos son una gran responsabilidad y cuando son pequeños requieren de cuidados y atenciones que pueden llegar a ser extenuantes para sus padres, sin embargo, absolutamente nada justifica la violencia hacia un niño.  Ante todo, recordemos que no somos dueños de nuestros hijos, que son vulnerables y tenemos el deber de cuidarlos y protegerlos.

 

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