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Aquí en confianza

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Iván Garza García

 

Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid

 

 

En los recientes días, España ha vuelto a hacer historia.  No voy a referirme en esta columna a la justa futbolística que le dio el triunfo al Real Madrid frente al Liverpool, gracias al cual el conjunto merengue alzó de nueva cuenta la “Orejona”, transformándose así en el primer equipo que conquista el tricampeonato de la Champions League.  Por supuesto, en esta ocasión los muchachos de Zidane contaron con la complicidad del portero de origen alemán Loris Karius, de quien ahora se dice que sufrió una conmoción cerebral durante el cotejo, lo que pudo haber incidido en su catastrófica (por decir lo menos) actuación. De esa forma, con la lesión de Mohamed Salah, que pone en duda su participación en el Mundial portando la casaca egipcia, y con el gol de chilena del galés Gareth Bale, quedó guardado para la posteridad el inolvidable encuentro del balompié europeo. Pero esa es otra historia (diría la Nana Goya) y ya tendremos ocasión de platicar sobre ella.

 

Por lo pronto, bien vale la pena voltear la vista al viejo continente para apreciar el galimatías en el que está convertida la política de aquellos lares. El pasado viernes, Mariano Rajoy se convirtió en el primer presidente de España en ser separado del cargo desde que se restauró el régimen democrático en aquel país. El terremoto que trajo consigo la caída del mandatario tuvo su epicentro en los casos de corrupción que irremediablemente salpicaron al Partido Popular.

 

El llamado caso Gürtel, como se le conoce a la investigación iniciada en el año 2007 por la Fiscalía Anticorrupción y denunciada en 2009 ante la Audiencia Nacional, es considerado el mayor suceso de corrupción en la historia de la España democrática; sus operaciones se remontan a la época en la que José María Aznar ocupaba la presidencia.

 

Por virtud de las indagatorias llevadas a cabo con motivo del mencionado proceso, la justicia española reveló la existencia de una compleja red de empresas que obtenían contratos de todo tipo con administraciones emanadas del Partido Popular, en diversas regiones de aquella nación.

 

El pasado 25 de mayo fue un día decisivo para Rajoy y sus huestes. La Audiencia Nacional finalmente dio a conocer la sentencia del juicio central respecto del caso Gürtel y su contenido le permitió a Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español, presentar ante el Congreso una moción de censura contra su rival, logrando que éste fuera depuesto.  Ahora, sin elección de por medio, Sánchez es el nuevo presidente de España; el sábado rindió protesta en el Palacio de la Zarzuela, frente al Rey Felipe VI.

 

Aquí en confianza, el escandalo de corrupción en España no solo trajo consigo el desplome del jefe de gobierno; la sentencia pronunciada impuso graves penas contra 29 de los 37 acusados, quienes suman entre sí más de 350 años de cárcel por la comisión de diversos delitos, tales como asociación ilícita, fraude a la administración, cohecho, malversación, prevaricación, blanqueamiento de capitales, tráfico de influencias, entre otros.

 

Ante la presión del recientemente fundado partido Ciudadanos, el ahora presidente ya declaró que convocará a elecciones; lo que no dijo es cuando habrá de hacerlo. Mientras son peras o manzanas, al gobernante en turno le tocará lidiar con el principal problema de España: el paro. Habrá que recordar que el último gobierno del PSOE heredó al país ibérico una tasa de desempleo del 22.9%, lo que representó que más de 5 millones de españoles no tuvieran trabajo. En la actualidad, gracias a una reforma laboral que fue ampliamente criticada, Rajoy dejó la cifra de desocupación más baja desde el año 2008; poco más de 3 millones de personas en paro. Sin embargo, los españoles aún tienen ante sí un importante reto en materia de crecimiento económico y generación de puestos laborales.

 

Pese al rifirrafe que se traen por aquellas tierras, como dijera el extraordinario poeta de Úbeda, Joaquín Sabina: “aunque no dé a la gloria la Puerta de Alcalá, aunque la maja desnuda cobre quince y la cama, aunque la maja vestida no se deje besar … yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid”.

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