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Algo que vale la pena contar

Algo que vale la pena contar

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Libros viejos, emociones nuevas.  Primera de dos partes.

Cuando los días no parecen ir tan bien como a veces uno quisiera, siempre resulta gratificante planear una visita contemplativa a nuestros espacios favoritos; en mi caso, el amplio rincón de mis libreros.

Dicen los que saben, que una biblioteca personal sólo puede denominarse como tal, si supera los 5 mil volúmenes; una formal y en toda regla, debe contener al menos 15 mil. Con pena y todo, no he llegado aún al primer nivel; según el último recuento de mis reservas literarias andaré por los 4,200, pero ya nos falta menos.

Derecha, tercer librero, estante seis, justo abajito de la colección “Sepan Cuantos…”, me encontré de nuevo con viejos amigos de la infancia. Parecía que celebraban una tertulia literaria invitándome a participar. Ediciones rústicas económicas, en portadas de un rojo llamativo, pasaban lista a Verne, Salgari, Rider Haggard, Twain y London, impresos en páginas de papel grueso, hoy maduro y amarillento, pertenecían a las obras que iniciaron mi carrera lectora a los seis años de edad.

Me saludaron vestidos todavía con aquel mítico hule transparente destinado a forrar los tradicionales textos escolares, que como bien insistía mi madre, todo lo protegía. Máxima de la que por cierto, después de treinta y tantos años hoy puedo dar fe con mi sello.

Bastó una rápida hojeada para iniciar una conversación inmediata, no sólo con el recuerdo de las aventuras en ellos contenidas, sino también, con las andanzas personales de esas primeras lecturas. Como si atisbara en el interior de una caja fuerte, entre sus páginas descubrí: una hoja de árbol ya seca, que en su momento fue investida con el alto rango de separador; el subrayado de una idea impactante y el visado de un pasaporte a tierras lejanas que, plasmado en los ingenuos trazos de una escritura infantil, dibujaba mi nombre y fecha de lectura en la primera página, y que aquellos libros, después de treinta y tantos años, todavía orgullosos portan como si de un fistol en la solapa se tratara… continúa, 2 de 2.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.                                     Contacto: radioelitesaltillo@hotmail.com  –  Twitter: @AlBoardman